La Antártida

Es más árido que el desierto de Sahara y tiene las temperaturas más bajas del planeta.

Su altura promedio es de 2.500 metros sobre el nivel del mar, tres veces la altura promedio de cualquier otro territorio.

Es más grande que Europa y Australia.

Alrededor del 99 por ciento de su territorio está cubierto de hielo pudiendo alcanzar los 4,770 metros de espesor.

Contiene el 90 por ciento de todo el hielo del planeta.

Contiene la mayor reserva de agua dulce de la Tierra.

Si la capa de hielo se derritiera completamente, todos los océanos se elevarían aproximadamente 70 metros por encima de su nivel actual.

Influye en los cambios climáticos de todo el hemisferio sur.

Es el único continente que ha permanecido desconocido para el hombre por tanto tiempo, sus primeros exploradores aparecieron recién hace 200 años.

Su clima inhóspito ha hecho que no se conozca la existencia de ninguna vida humana autóctona.

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El continente tiene una forma redondeada con ciertas irregularidades, la más característica es la península Antártica, principal puerta de acceso a la zona por su relativa cercanía a Sudamérica para los foqueros, balleneros y exploradores y todavía hoy, es el área con la mayor concentración de estaciones científicas.


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La vida salvaje
Aquí, habitan las especies que logran soportar las temperaturas y condiciones más extremas del planeta.

Pese a la gruesa capa de hielo que cubre casi el 99 por ciento del continente y a los fuertes vientos que soplan la zona costera, aves, peces, pingüinos, lobos marinos, ballenas y algunas formas de vida vegetal se han adaptado, sorprendentemente -concentrándose principalmente en la zona costera- a enfrentar el peligro del congelamiento.

Su reducida flora está compuesta por líquenes, musgos, algas, hongos y bacterias.

Pese a las condiciones tan adversas, la Antártica cuenta con un rico reino animal que vale la pena conocer y proteger.
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Robert Scott

La disputa entre Robert Scott y Roald Amundsen por la conquista del Polo sur es una de las historias más sorprendentes de la era heroica antártica que demuestra la competencia de dos hombres y dos naciones.

En 1910 y con pocos días de diferencia, las expediciones de Scott y Amundsen dejan Europa y se dirigen hacia la Antártica en busca de la conquista del Polo Sur. En junio, parte la expedición británica comandada por el capitán Scott a bordo del Terranova.

Unos meses después, Roald Amundsen deja las costas de Noruega a bordo del Fram habiendo abandonado su plan original de conquistar el Polo Norte.

En 1911 ambos llegan al mar de Ross y se establecen en la bahía. Mientras Scott instala su campamento en la Isla de Ross, Amundsen lo hace en el extremo opuesto, en la Bahía de las Ballenas. Ahí pasan varios meses planeando la expedición.

Amundsen emprende la marcha en octubre de 1911 acompañado de cinco exploradores y trineos, tirados cada uno por trece perros esquimales. En total son 52 perros.

En tanto, Scott lo hace los primeros días de noviembre, acompañado de 16 hombres, trineos arrastrados por ponies y perros siberianos y un equipo pesado para realizar observaciones científicas. Desde un principio Scott y su grupo debieron enfrentar las adversas condiciones climáticas sobre todo las intensas tormentas de viento y nieve que dificultan su avance.

Mientras tanto, Amundsen más favorecido por el tiempo y utilizando constantemente sus perros, avanza 25 km por día. El hecho de contar con un equipo más liviano y el sacrificar a los perros exhaustos para alimentar a los restantes ayuda al avance de la expedición. Finalmente, Amundsen alcanza el Polo Sur el 14 de diciembre de 1911 y retorna exitosamente al campamento base el 25 de enero, luego de 3 meses de recorrido por 3 mil kilómetros.

El 17 de enero cuando Scott llega al Polo Sur, acompañado solamente por cuatro hombres, se encuentra con la gran decepción de que en ese punto flameaba la bandera noruega. La expedición escandinava se había demorado noventa y nueve días en recorrer los tres mil kilómetros desde las bases hasta el Polo.

Decepcionados, Scott y el resto de su equipo emprenden el regreso al campamento base. Este recorrido es trágico ya que las condiciones climáticas desfavorables, la falta de combustible y alimento provoca la muerte uno a uno de los integrantes. El primero en fallecer es Evans. Unos días después Oates deja la carpa y nunca regresa. Cuando faltaban solo 20 km para el depósito de víveres más cercano, los tres restantes, entre ellos Scott, se ven obligados a cobijarse en la carpa. La tormenta abate con fuerza. Concientes de que la muerte está cerca, Scott escribe varias cartas a sus familiares, amigos y jefes. El 20 de marzo de 1912 anota en su diario: “Ya toda esperanza debe ser abandonada. Esperaremos hasta el fin, pero nos debilitamos gradualmente; la muerte no puede estar lejos…” luego sus últimas palabras: “¡es espantoso, no puedo escribir más!”

Cuando llega la expedición de auxilio a la carpa, se encuentran con los cuerpos del capitán Scott, del doctor Wilson y del teniente Bowers. Sobre aquella mortaja levantaron un montículo coronado con una rústica cruz formada por dos trozos de esquí.

Así, concluye una de las epopeyas más espectaculares de la Antártica. La conquista por el Polo Sur está registrada en muchos libros de Historia Antártica, en los cuales se atribuye el triunfo de Amundsen a su capacidad organizativa y a la elección de un adecuado equipamiento.

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Joana y Beatriz