Terranova:Era todo un reto. Dos expediciones compitiendo por llegar en primer lugar al Polo Sur geográfico, en plena Antártida, y clavar su bandera. Corría el año 1910, y el aventurero Robert Falcon Scott se propuso el firme objetivo de llegar al Polo Sur, después de haber fracasado en su primer intento, casi 10 años antes. Para tan ardua tarea era necesario prepararse a conciencia, por lo que se aprovisionaron de toneladas de comida, carbón, trineos, animales… y, por supuesto, el Terranova, el barco en el que marcharon, convencidos de que iban a hacer Historia. Scott decidió dividir su expedición en dos grupos, que partieron de Nueva Zelanda el 29 de noviembre de 1910.
Uno de ellos se quedaría a mitad de camino realizando diversas labores de investigación, mientras que el otro, formado por Wilson, Bowers, Evans y Oates, acompañarían a Scott en el verdadero fin que impulsaba la expedición: llegar al Polo Sur.
Por su parte, en junio de 1910, el equipo capitaneado por el explorador noruego Amundsen partía a bordo del Fram con el mismo objetivo que el Terranova. Les llevaban a éstos cinco meses de ventaja, con todo lo que ello suponía para una empresa de este calibre. Ambos barcos surcaron los hielos, esquivando icebergs, soportando tormentas polares y sometiéndose a las bajas temperaturas. Se requería una alta dosis de tenacidad para llevar a cabo los objetivos previstos, pero parece que ninguna de las dos expediciones se iba a dar por vencida… especialmente la de Scott, que ya conocía la ventaja que les llevaba el equipo de Amundsen.
La tarde del 17 de enero de 1912 (más de un año después), el explorador Bowers divisó algo en la distancia: era una bandera. Aquello que más temían se había cumplido: el equipo de Amundsen se les había anticipado, y la bandera que ondeaba en el Polo Sur no era británica, sino noruega. Ahora quedaba lo más difícil: el largo camino de regreso a casa, derrotados, cansados y anímicamente vencidos. Llevaban varias dosis de morfina y opio para emplearlas en caso de situación límite.
No aguantarían mucho: Evans fue el primero en morir congelado; a él le seguirían Bowers, Oates, Wilson y, por último el capitán, Scott, quien, sacando fuerzas de flaqueza, y mientras su cuerpo se iba congelando, escribió hasta 12 cartas: para su mujer y las de sus compañeros de expedición. En ellas culpaba del fracaso de su proyecto, no a la mala planificación, sino a un tiempo desastroso acompañado de la mala suerte. Aun así lograron parte de su objetivo: hacer Historia.
Intentos
Un paso más allá: el mito de la expedición Shackleton
Mª L. S.
La Antártida es el último continente descubierto por el hombre. Desde que se pisó América en el siglo XV, numerosos exploradores y aventureros habían intentado confirmar la existencia de un continente que hasta el siglo XIX aparecía en los mapas bajo el nombre de “Terra Australis Incognita”.
Aunque técnicamente fue el equipo de Amundsen el que pisó por primera vez el Polo Sur geográfico, la expedición capitaneada por Sir Ernest Shackleton constituye todo un hito en la historia de la exploración. El aventurero británico quiso ir un paso más allá que Amundsen y Scott y se planteó otro desafío: cruzar el continente entero. Para ello iba a emplear dos barcos -el Endurance y el Aurora-: el primero se abriría paso a través de los hielos y dejaría a la tripulación en el continente. Ellos caminarían más de 2.500 kilómetros y se reunirían con los miembros del Aurora.
Este ambicioso plan nunca llegaría a culminarse, ya que el Endurance se hundió, atrapado por el hielo. A pesar de ello, ninguno de sus miembros pereció, y su historia pasó a los anales de las expediciones.

Fram: diseñado por Nansen y tripulado por Amundsen.Se fue a la deriva.

